Colombia.com Bogotá Miércoles, 21 / Ago / 2019

Mindfulness: algo más que una filosofía de vida

En un momento en el que nuestros objetos cotidianos se llenan de mensajes positivos al más puro estilo Mr Wolnderful, leer la palabra Mindfulness da la sensación de tener con nosotros una nueva moda, una corriente de pensamiento recién creada a la que sumarnos en nuestra búsqueda de la felicidad.

El mindfulness sería al cerebro lo que el deporte a los músculos.
El mindfulness sería al cerebro lo que el deporte a los músculos.

Sin embargo, este estado de conciencia plena (sería la traducción más literal) no es algo surgido de la nada hace dos días, sino que existe desde los orígenes del budismo y cuenta con más de 2.500 años de historia.

Pero ¿en qué consiste exactamente el mindfulness? Sería algo así como estar atento a todo lo que sucede a nuestro alrededor, de manera consciente. Se trata de vivir en el presente, apreciando lo que nos rodea aquí y ahora, y centrándonos exclusivamente en esto por unos instantes.

Foto: Shutterstock

Dicho de esta manera, podría resultar incluso estresante siquiera intentarlo: vivir cada momento con los cinco sentidos, ¿cómo vamos a ser capaces de prestar atención a la vez con la vista, el oído, el olfato, el tacto e incluso el gusto? Desde luego, el primer intento no tendrá los resultados esperados, pero según los más de 4.500 estudios científicos al respecto, los resultados son tan prometedores que merece la pena intentarlo.

No se trata de una simple corriente filosófica: se trata de una manera de recibir los estímulos externos que tendrá unos efectos (siempre positivos) no sólo en nuestra mente sino también en nuestro cuerpo, de manera que bien aplicado puede suponer un tratamiento efectivo para dolencias como el colon irritable o el insomnio.

Sorprendente, ¿verdad? Detengámonos a reflexionar sobre el dicho “mens sana in corpore sano”: tengamos todo en orden en el cerebro y el cuerpo, que no hace otra cosa que obedecer las órdenes e impulsos que este emite, sencillamente funcionará mejor, como una máquina recién engrasada.

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No se trata de vivir con los cinco sentidos absolutamente cada segundo, pero sí de emplear esta herramienta varios momentos al día, lo mismo da si es durante el almuerzo que mientras trabajamos o nos divertimos con nuestros seres queridos. Ser conscientes de todo lo que tenemos alrededor nos permite encontrar matices que tal vez sean clave para comprender y resolver diversos conflictos.

En consecuencia, el hecho de tener bajo control una determinada situación debido al conocimiento y conciencia plena de todo lo que lo rodea reduce considerablemente el estrés, la irritabilidad, la ansiedad, o incluso la presión arterial y el insomnio. 

A su vez, mejora la concentración, la atención, la compasión, la creatividad, la estabilidad emocional y la memoria, pero ¿cómo? Por sorprendente que parezca, el mindfulness sería al cerebro lo que el deporte a los músculos: un activador que puede incluso cambiar la morfología del mismo y su estructura.

Se ha demostrado que la materia gris del hipocampo aumenta, favoreciendo la memoria y el aprendizaje, a la par que la materia gris de la amígdala, responsable de la ansiedad y el estrés, se reduce significativamente.

Cuando pensamos que el origen de la atención plena está en el budismo, tal vez nos cuesta asumir que tenga validez en términos científicos: un elemento empleado en no una, sino en varias religiones y espiritualidades a lo largo de los siglos, a muchos se les puede antojar como una simple creencia mística, pero tras los numerosos estudios realizados, se está aplicando directamente en la terapia cognitiva y en tratamientos psicológicos y pisquiátricos basados en resultados probables.

Una muestra de ello son el programa MBSR (Reducción del Estrés basado en la Atención Plena) y el MBCT (Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness), aplicados incluso en prisiones y centros de veteranos.

Los cinco puntos en los que se basa el Mindfulness son básicamente cinco: prestar atención con los cinco sentidos, vivir en el momento presente centrándonos sólo en lo que sucede en ese momento, aceptarse tal y como se es, sin juzgarse, tener el control de la respiración y conseguir que sea profunda y efectiva, y por último, ser consciente de lo que nos rodea y agradecerlo, es una actitud que muchas veces olvidamos pero que es de vital importancia, el enfoque positivo de lo que tenemos, relativizando y observando que tal vez somos más afortunados de lo que creíamos.