Por: Redacción Vida y Estilo • Colombia.com

Oración de San Isidoro contra el demonio

Pide protección y mantente alejado del demonio; puedes hacerlo con la poderosa oración contra el mal que te enseñamos a continuación, creada por San Isidoro.

Aleja el mal de tu vida: poderosa oración contra el demonio. Foto: Shutterstock
Aleja el mal de tu vida: poderosa oración contra el demonio. Foto: Shutterstock

Pide protección y mantente alejado del demonio; puedes hacerlo con la poderosa oración contra el mal que te enseñamos a continuación, creada por San Isidoro.

San Isidoro de Sevilla fue un obispo y doctor de la Iglesia Universal, es conocido por ser el español que más ha impactado el mundo, no solo por su labor como religioso sino también por su gran intelecto, el mismo que le permitió ser el fundador de un colegio eclesiástico y ser el autor de numerosos escritos y oraciones.

Son muchas las obras de su autoría que aún se recuerdan, como lo es el libro ‘Etimologías’, una reconocida enciclopedia de las ciencias antiguas, la ‘Historia de los Godos’, ‘El Libro de los Varones Ilustres’, entre muchos otros; además, también algunas plegarias, como la que te mostraremos más adelante contra el demonio, compartida por el portal ‘Aciprensa’.

Se dice que antes de morir este santo aumentó la cantidad de limosna que daba, por lo cual personas necesitadas de todo el mundo llegaban a pedirle ayuda, y este hombre jamás se la negaba; de hecho, terminó distribuyendo todas sus riquezas y pertenencias entre los pobres y pidió ser trasladado a la Basílica de San Vicente para pedir penitencia. Murió el 04 de abril de 636, motivo por el cual se le conmemora en esta fecha cada año.

Oración contra el demonio

Tú, Señor, verdadero doctor y dador, que eres Creador y Redentor, concesor y defensor, abogado y Juez terrible y clemente, que das vista a la mente de los ciegos, que posibilitas a los débiles para hacer lo que ordenas; que tan piadoso eres para quienes te dirigen asiduamente sus peticiones, y tan liberal que no permites que nadie desespere, perdona todos mis pecados y todos mis errores, y que tu bondad gratuita, buen Jesús, me conduzca a esa contemplación deseable donde ya no pueda errar.

Tú que eres conocedor de lo que está oculto, bien conoces en cuántas faltas he caído; tú conoces cuán mísera y proclive es mi debilidad, y cuán incesantemente la aflige y presiona el enemigo; tú, oh Cristo Dios, batallador fortísimo y campeón siempre victoriosísimo, mira este combate desigual, donde clama a la gloria de Tu divina majestad la debilidad de los mortales.

Si el león rugiente superara a la débil oveja, si el espíritu violentísimo venciera a la débil carne, y si al menos la domina, permitiéndolo tu justo juicio, en el tiempo de padecer, no permitas que seamos devorados por sus insaciables fauces. Haz, ¡oh amador del género humano!, que se entristezca por la alegría humana aquel que se exulta por atacarnos. Amén.

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