Por: Redacción Colombia.com • Colombia.com

Jackson Heights, el acento colombiano de New York

Lo que originalmente era un barrio de origen coreano terminó adoptando el sabor y el tono colombiano porque aproximadamente el 60% de su población nació en nuestro país.
 

Actualización
En Jackson Heights, distrito de Queens en New York, los colombianos son una colonia muy numerosa. Foto: Facebook Jackson Heights New york
En Jackson Heights, distrito de Queens en New York, los colombianos son una colonia muy numerosa. Foto: Facebook Jackson Heights New york

Lo que originalmente era un barrio de origen coreano terminó adoptando el sabor y el tono colombiano porque aproximadamente el 60% de su población nació en nuestro país.
 

A la calle 82 de Jackson Heights en Queens, New York, también se le conoce como la Calle Colombia, tan importante como la Carrera séptima en Bogotá o la Playa en Medellín.

Esta calle es el centro neurálgico del lugar, no solo se encuentran los principales establecimientos comerciales, sino que es el lugar de encuentro para hacerle fuerza a la selección nacional de fútbol de Colombia cuando disputa algún encuentro en cualquier competencia, y sin importar el resultado, es una excusa para reencontrarse con paisanos y vecinos y reafirmar la condición de colombianos y latinoamericanos.

En Jackson Heights el idioma oficial no es el español, es el colombiano porque la lengua de Cervantes encontró en Colombia algo similar a la cordillera de los Andes que se dividió al entrar, porque el tono paisa, el neutro, el caleño y el costeño mandan por estos lares.

Jackson Heights está ubicado en la zona de Queens, uno de los cinco distritos metropolitanos que componen la ciudad de New York y una de las características sobresalientes de este lugar es que es una auténtica colcha de retazos étnica, pues allí confluyen 167 lenguas, lo que equivale a decir que en este rincón del mundo pueden concentrarse habitantes nacidos en cada uno de los países del planeta, sin embargo, el español colombiano es el idioma que más se escucha, por eso no es extraño ver el paso de un taxi y un hombre chiflando desde la acera que luego pronuncia un “no paró este berraco, ome”.

En este barrio neoyorkino se produjo la gran oleada de colombianos llegados a los Estados Unidos en los años sesenta y setenta y con su numerosa delegación fue desplazando a los coreanos y los chinos, las colonias extranjeras más numerosas hasta la llegada de los nuestros.

En Jackson Heights no solo se habla español, también se puede leer porque existen librerías con obras de autores colombianos y latinos siempre disponibles para mantener el arraigo; los restaurantes no pueden faltar porque el sabor colombiano es una marca que mantiene la identidad y se pueden encontrar productos netamente colombianos de las marcas más tradicionales hasta preparaciones típicas como un buen calentao, tamales, sancocho, bandeja paisa y hasta fritanga.

Recorrer Jackson Heights es dar un paseo por la historia de una nación edificada con el esfuerzo de personas venidas de todos los lugares del planeta, que, a pesar de la lejanía con su tierra, mantienen una estrecha relación con ella a través de sus costumbres, idioma, comida y familiaridad.