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Me
han preguntado algunos periodistas en dónde,
cuándo y cómo presentaré
mi campaña, a propósito de los lanzamientos
o shows de los candidatos Horacio Serpa y Noemí
Sanín.
En
caso de hacerlo, no será con las características
de los anteriores. No tengo peluquero personal
ni quien me atuse el bigote y mucho menos me haré
liposucción para ese gran día donde
hasta ahora reina la imagen y no la idea.
El
lanzamiento de mi candidatura no clasificará
en las páginas sociales, ni en las secciones
light de los noticieros, y se convertirá
en el "antilanzamiento", dirán
algunos. Mi candidatura no es por la frivolidad.
Habrá
de ser la antítesis de dichos eventos.
No tengo el dinero para pagarles a los periodistas
el viaje a Cartagena a cubrir el certamen, ni
para uniformar a la gente con camisetas blancas,
ni para pagar espacios de televisión en
los canales públicos para que transmitan
mi discurso. Que no se le ocurra a nadie decirme
que levante los brazos como una marioneta cuando
la cámara me esté enfocando; que
no se les ocurra decirme que use telepronter,
que baje la voz en tono melancólico para
impactar al auditorio; que ni se atrevan a sugerir
que use corbata "Hermes" de pepitas,
siguiendo la moda en lanzamientos electorales
norteamericanos. No entro en ese juego. Las campañas
electorales son serias y deben tener reglas con
iguales garantías para todos.
Cada
vez es más claro que el Estado debe financiar
las campañas. No tenemos cómo competir
ante tanta parafernalia. El país corre
el riesgo de reemplazar la financiación
con "dineros calientes" del narcotráfico,
por una con "dineros fríos",
girados al candidato por el gran capital, que
calcula multimillonarias concesiones durante su
presidencia, que convierten en oro la inversión
irrisoria. Esos negocios son "chimbos"
para los colombianos pero buenos para los inversionistas.
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Se
calcula que las campañas en la primera vuelta
costarán $12.500 millones. ¡Señores,
en que país vivimos para plantear esas cifras!
Y para la segunda vuelta están pidiendo otros
miles de millones. Nuestra campaña está
trabajando para conseguir $500 millones a punta
de bonos y aportes solidarios, que creemos es lo
justo y responsable. Los $12.000 millones restantes
no los necesito: no debo pagar aviones privados,
ni asesores gringos, ni corbatas, ni vestidos importados.
Tanto
Serpa como Noemí se quedaron en lo light.
Serpa mostró como garante del futuro un
pasado muy pesado que carga a su espalda. Y Noemí
encarnó lo que antes criticaba. Se volvió
"más de lo mismo" presentándonos
el "acuerdo de los Fabios". Juan Gómez
encarna la vinculación de la maquinaria
de Fabio Valencia Cossio.
Los
invito a nuestro lanzamiento de candidatura el
7 de diciembre. Seguramente llegaré al
acto con alguno de los sacos que ustedes me conocen,
me peinaré con mi cepillo del almacén
Tía que no me abandona desde mi primera
intervención sindical en el 74. No tendré
telepronter, pero sí corazón, conciencia
y memoria dictándome cada renglón,
cada frase; no seré el único protagonista
de la jornada. Mi candidatura es más un
punto de encuentros que cualquier otra cosa. Conmigo
estarán lanzándose las negritudes,
los gays, las mujeres, los jóvenes, los
indígenas y muchos más... toda esa
Colombia excluida y todas las Colombias; no me
desmayaré en ese empeño. Me imagino
una tarima gigante para que nadie esté
por encima de nadie; centenares de micrófonos
para que todos hablen en el patuá del isleño,
en el embera de los montes, en costeño,
paisa o cachaco... en fin. Cambiaré el
"les prometo" por el "construyamos".
El lanzamiento tendrá que terminar en una
gran rumba, en la rumba de la Colombia donde todas
las Colombias caben.
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