Por: Juan Carlos García Sierra • Colombia.com

Bernardo Hoyos, un político diferente que terminó pareciéndose a los mismos de siempre

Bernardo Hoyos es un personaje original que terminó enredado en líos judiciales a pesar de que quiso combatir la corrupción y ayudar a los desfavorecidos de la ciudad de Barranquilla.

Bernardo Hoyos fue alcalde de la ciudad de Barranquilla en dos oportunidades. Foto: Youtube
Bernardo Hoyos fue alcalde de la ciudad de Barranquilla en dos oportunidades. Foto: Youtube

Bernardo Hoyos es un personaje original que terminó enredado en líos judiciales a pesar de que quiso combatir la corrupción y ayudar a los desfavorecidos de la ciudad de Barranquilla.

Uno de los personajes más polémicos de la política colombiana tuvo en un sacerdote a uno de sus más particulares ejemplos: Bernardo “El cura Hoyos”. Este sacerdote católico, habitante de la ciudad de Barranquilla fue en la década de los años noventa del siglo pasado, y en la primera década del actual, a un protagonista que se destacó por su personalidad, sus palabras de grueso calibre que sonrojaban a algunos y un tono inconfundible con el que se refería a los diferentes acontecimientos de la política de la arenosa y el país.

“El cura Hoyos”, nacido en el departamento de Caldas, pero radicado en Barranquilla, tuvo en esta ciudad el epicentro de su actividad y fue allí, bajo el calor y la humedad, que lo picó el bicho de la política, un bicho del que hoy, a sus 82 años, aún le cuesta espantar.

Bernardo Hoyos Montoya, se convirtió, después de Camilo Torres Restrepo, en el sacerdote católico involucrado en la política más famoso, con la diferencia de que el primero murió joven apenas haciendo sus ‘pinitos’ en la guerrilla del ELN, mientras que Hoyos logró escalar posiciones, incluso fue alcalde de Barranquilla en dos oportunidades.

El cura Hoyos hablaba duro y decía las cosas por su nombre al mejor estilo de los costeños de pura cepa, pues quien lo escuchaba hablar podría pensar que era un costeño de ‘raca mandaca’, y ni por casualidad imaginaría que se trataba de un sacerdote.

El púlpito del cura Hoyos no estaba en la iglesia, su templo eran las calles y los barrios pobres de la capital del Atlántico, por eso sus superiores de la jerarquía católica estuvieron en desacuerdo por su actividad política, y en varias ocasiones le prohibieron asumir cargos públicos, pero pudieron más las ganas de hacer política que terminó convirtiéndose en un ídolo popular.

Hoyos en su actividad humanitaria en las zonas deprimidas de Barranquilla demandó la forma corrupta de hacer política y de administrar la ciudad de los politiqueros de siempre, por eso él quiso hacer una nueva, muy a su manera y con un estilo sencillo, pero contundente.

Durante su administración beneficio a los más pobres, pero se le acusó de discriminar a los estratos altos, y de inmediato comenzaron sus dolores de cabeza por cuestionadas adquisiciones, como el caso de un edificio para la Alcaldía de Barranquilla, que presuntamente se compró en el 300% de su valor real.

El periodista Carlos Lajud fue asesinado en Barranquilla por sicarios en moto, y al parecer, estos eran seguidores de Hoyos. El comunicador había denunciado presuntos hechos de corrupción en la alcaldía del cura Hoyos.

A finales de 2007 fue acusado del delito de peculado a favor de terceros y celebración de contrato sin el lleno de requisitos legales, porque en 1998 Hoyos autorizó la compra de un terreno destinado a la construcción de viviendas de interés social, se pagaron las arras, el contrato no se cumplió y el dinero no se recuperó.

El cura Hoyos fue condenado en 2011 a 4 años de prisión por el delito de peculado y celebración indebida de contratos. En 2013 un fallo de segunda instancia lo condenó a 10 años de prisión, la que cumple con carácter domiciliario.

Hoyos sigue activo y con caudal electoral en Barranquilla desde su casa llamada ‘El rincón Latino’, un espacio de tertulia y reunión política que apoyó al Pacto Histórico en las elecciones legislativas y presidenciales en 2022, recibe con camisas coloridas a sus partidarios.

Con 82 años, Bernardo Hoyos Montoya, quiere mantenerse activo en la política, una picadura que no ha querido sanar a pesar de la edad y la prisión.

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