Por: Prensa UNAL • Colombia.com

¿Cómo influye el acoso callejero en el diario vivir de las mujeres?

Expertos mencionan cómo afecta el acoso callejero a las personas, especialmente a las mujeres, quienes no podrían disfrutar del espacio público por cuenta de estas situaciones.

El acoso callejero evitaría que las mujeres puedan disfrutar del espacio público. Foto: Shutterstock
El acoso callejero evitaría que las mujeres puedan disfrutar del espacio público. Foto: Shutterstock

Expertos mencionan cómo afecta el acoso callejero a las personas, especialmente a las mujeres, quienes no podrían disfrutar del espacio público por cuenta de estas situaciones.

Las mujeres afectadas por el acoso callejero, en sus diferentes manifestaciones –verbal, gestual y físico–, se verían obligadas a limitar las visitas a los lugares que les gusta frecuentar y las interacciones que podrían tener en estos escenarios. En Bogotá los lugares donde más se evidencian casos de acoso callejero son la calle, las plazas de mercado, los paraderos de buses, las zonas de talleres y los alrededores de los centros educativos.

Los tipos de acoso detectados son el verbal, que incluye groserías, piropos, comentarios indeseados y de connotación sexual, chistes, burlas, insultos, sonidos y preguntas de contenido sexual; los no verbales o gestuales, que consisten en gestos, miradas lascivas y morderse los labios; y los físicos, que van desde persecución hasta manoseo, exhibicionismo, tocamientos, pellizcos, palmadas, agresiones físicas y roces.

Según una investigación basada en conversatorios sobre el tema, el acoso callejero no solo afecta a mujeres jóvenes y adultas, sino que el fenómeno se puede vivir en cualquier espacio de la ciudad, a cualquier edad y a cualquier hora.

El estudio fue adelantado por la socióloga Natalia Giraldo Castro, de la Escuela de Estudios de Género del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con información de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Los datos del gobierno de Bogotá señalan que las mujeres sufren el acoso callejero desde los 11 hasta los 40 años, aproximadamente, lo que confirma que este se experimenta en todos los ciclos vitales.

Aunque frases como “mamacita rica” muchas veces se consideran inofensivas, realmente no lo son. El estudio establece que el acoso en las calles no se constituye en problemas de conducta o acciones individuales de algunos hombres, sino que “es un problema estructural que afecta a todas las mujeres, pues aunque no todas lo hayan vivido, sí genera un ambiente de prevención global y permanente”, explica la socióloga.

Agrega que “lo más preocupante es que convierte el espacio público en un escenario de disputa y negociación constante para las mujeres, en el que como medida de protección deben restringir su uso para disfrute”.

En su investigación “Mamacita rica, el acoso callejero como experiencia de violencia hacia las mujeres en la ciudad de Bogotá”, asegura además que, en la mayoría de los casos, por temor a la reacción del acosador, ellas prefieren no reaccionar ante el acoso, aumentando más el sentimiento de vulnerabilidad y frustración.

“La gravedad del problema no solo radica en su carácter repetitivo, sino en que es un hecho de violencia que causa un daño emocional imposible de resarcir y no hay un responsable del hecho. Sin embargo, muchas veces es visto como un hecho inofensivo”, señala la investigadora.

Muchas personas lo consideran normal e inofensivo. Foto: Shutterstock
Muchas personas lo consideran normal e inofensivo. Foto: Shutterstock

El acoso se manifiesta como un componente cotidiano de la ciudad, por lo que estas situaciones nunca se cuestionan, ya que no es mal visto. Además, por ser una forma de violencia que no deja marca física corporal (al igual que la violencia verbal y psicológica), se considera como inocuo, y se le atribuye un carácter distinto, menos grave. Incluso su normalización impide complejizar el asunto y en esta medida tampoco se contemplan los efectos y daños que causa.

Predominancia masculina

La socióloga de la UNAL explica que el acoso callejero transmite un mensaje de poder que reafirma el control y la predominancia masculina en el espacio público: las calles no les pertenecen a las mujeres, por lo tanto, se les acosa para devolverlas al espacio privado, hacerlas sentir ajenas o culparlas por los hechos de violencia que vivan por estar donde no les corresponde. De esta manera, se ha naturalizado a tal punto que se vuelve paisaje.

“La experiencia de acoso hace que las mujeres limiten nuevas experiencias, nuevos encuentros, acceso a nueva información, conocimiento a nuevos lugares de sociabilidad e intercambio, el disfrute de los distintos espacios que ofrece una ciudad; en últimas se controla el movimiento a lugares conocidos o familiares en los cuales se da una sensación de seguridad o familiaridad, identificando con mayor precisión el entorno”.

“No se tiene plena libertad para disfrutar y usar el espacio público gracias al sentimiento de prevención y alerta que conduce al confinamiento, aislamiento, encierro y menos recorridos en ciertos espacios, lo anterior como resultado del miedo. Esta consecuencia del acoso callejero hace que las mujeres remitan el espacio privado para sentirse seguras”, puntualiza la investigación.

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