Colombia.com Cuando se desempeñó como juez de Girardot en los años 70’s, Héctor Mora nunca pensó que viajaría por 26 años mostrando a Colombia la cultura, la política y la forma de vivir de otras personas en los cinco continentes, a través de su “Cámara viajera”, inicialmente y el “Mundo al Vuelo” y Pasaporte al Mundo” posteriormente. Estudió periodismo cuando era apenas un curso de dos años; no le gusta la cebolla larga, ni el arroz, se considera analfabeta frente al chino, al árabe y al hindú; fundó el Reinado Nacional del Turismo, ha escrito dos libros y está a punto de publicar su primera novela.
Dueño de un gran sentido del humor, de la practicidad y del detalle como buen periodista. Además, al estar siempre abierto a los avances en cualquier orden, ha logrado un plan de evolución permanente reflejado tanto en su trabajo como en su relación de ‘parches o amigotes’ que, -como él mismo anota-, lleva con sus hijos.
Aunque recibió su enseñanza en internados de Bogotá y Huila, definitivamente, su primera novia y una que otra escapada, la vivió en su natal Huila, donde los recuerdos cobran realidad cuando habla con el “Chinche” Ulloa, uno de sus amigos contemporáneos.
“Un programa cultural y de viajes, no de turismo...”
Aunque este huilense trabajó como juez en Girardot y jefe de prensa de la Cámara de Representantes, tenía su corazón en el periodismo; y en la época que estudió Derecho, tuvo que desplazarse mucho con motivo de los congresos universitarios e incluso políticos, pudiendo ver cómo en otras partes se realizaban por lo menos notas informativas en torno a los viajes, a diferencia de Colombia. Su pasión por éste lo llevó a insinuar la necesidad de hacer ese tipo de programas. “Un día me pusieron atención en Caracol y comencé una serie llamada “Cámara Viajera”, dijo.
En su primer viaje a África, encontró un antioqueño que vendía camellos en el Desierto del Sahara que, además de leyenda se convirtió en boom para el programa. Recuerda que inicialmente, el programa era pura noticia, crónica y reportaje, pero a medida que se presentó la instantaneidad del satélite, se inclinó hacia el muestreo de la cultura del mundo y ya se cumplen 26 años en los que se han realizado unos 1260 documentales en 107 países del mundo.
“Es un programa cultural y de viajes en esencia, no de turismo”, enfatiza, porque su fin ha sido que el televidente tome estos parámetros y se fije en qué está su país y qué hay fuera de él. “La importancia radica en que se han conocido los comportamientos humanos, los cambios políticos, sociales y administrativos de las ultimas tres décadas. De hecho, vi caer el Muro de Berlín, el desarrollo de las guerras en Irán e Irak. Por eso, no quisiera que sucediera algo así en Colombia”, concluyó.
La experiencia personal...
Desde el mismo día en que Héctor y Andrés, sus hijos, salían de vacaciones del colegio, viajaban con él hasta el día que debían iniciar labores escolares, lo que le ha permitido mantener esa unidad familiar, todo el tiempo que trabajó fuera del país.
Así mismo, la vinculación de sus hijos con el medio ha sido constante. Héctor, el hijo mayor es productor de televisión, estudió Música en la Universidad de Los Andes y fue director de Rock al Parque por 4 años. Actualmente, está produciendo documentales y para algunos grupos musicales.
Y es que al igual que su padre, estos viajes los ha hecho entrar en contacto con otras culturas, unido al hecho de haber estudiado en el exterior. “Una de las pocas cosas que deja el hecho de estar viajando, porque dinero no deja”, dijo jocosamente Héctor.
¿Y cómo vive Héctor Mora?...
Producto de 26 años viajando, es de imaginarse que Héctor Mora tenga un arrume de cosas provenientes de todas partes del mundo. Esto lo ha convertido en un en una persona curiosa, un poco melancólica y rememorativa de todos los lugares-, como él mismo afirma. Inclusive, deja ver que es difícil darle un orden a todo. Su misma oficina, es todo un anticuario o Museo del mundo, si se quiere llamar así.
El programa hace cuatro años que se transmite en siete países aparte de Colombia, y a medida que salen y regresan, se van archivando. El material total suma 4000 horas. De hecho, es un material al que se le nota el pasar de la historia, porque comenzaron en blanco y negro, pasaron por las cámaras de tubos hasta llegar a los chips y de ahí a las cámaras digitales.
Ni la cebolla larga, ni el arroz...
Como un hombre universal en las comidas, se define Héctor Mora; pero
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hay dos o tres cosas que rechaza: la cebolla larga y el arroz; tampoco ha podido con los sesos de mico que ofrecen en Mongolia o en Corea, donde matan el animal, le sacan los sesos todavía palpitantes y los comen crudos, ni con la Sopa de mariposas, menú favorito en Hong Kong. De resto, dice que ha comido Alacranes fritos en China, ha tomado sangre de serpiente, lo que sea. Explica que no tiene temores ni preocupaciones porque no encontró el Ajiaco.
En cuanto a lo típico, también es omnívoro, pero como se crió en Huila, tiene debilidad por el Sancocho y el Asado huilense; de su vida en Girardot, destaca el pescado, y por Bogotá, el Ajiaco; tampoco tiene inconveniente en comer el friche (sangre de chivo) de la Guajira.
“Ahora mis hijos meten más las manos en la empresa...”
A pesar que ha bajado su ritmo de producción, debido a que sus hijos ahora meten mucho más las manos en la empresa, sigue vinculado.
Actualmente, realiza un programa de opinión en directo, de lunes a viernes en Cable Centro (televisión por suscripción); dicta clases y conferencias en algunas universidades y últimamente, ha sido llamado para asesorar empresas de turismo y agencias de viajes que preparan excursiones especializadas al Tibet, al Cañón del Colorado, a Alaska o en aspectos culturales de Egipto o Grecia.
Periodismo en dos palabras: experiencia y preparación
Realizando el periódico de la universidad en el 63, dio su primer paso como periodista. Recuerda que sólo hizo un año de trabajo referente a su carrera (como juez y tesorero municipal de Girardot y director de turismo en Cundinamarca), tiempo durante el cual creó el Reinado Nacional de Turismo, para finalmente quedarse con su pasión. “Para mí el Derecho no cuenta. ¿Yo hago una letra y de una vez queda vencida”, dice con su característico sentido del humor.
Cree que al periodista colombiano le falta preparación, y por ser el conductor de la opinión publica, debe además de leer mucho, ser esencialmente un políglota. “Se necesita leer historia, conocer la evolución permanente del mundo”, agregó.
Al remontarse al seminario, recuerda que a diario le enseñaban latín, idioma que le tocó “aprender a la brava” junto con su compañero, el ahora director de televisión Carlos Duplat. Pero ahora lo agradece porque le facilitó la construcción gramatical en otros idiomas y agregó: “Le tomé rabia al inglés porque el profesor me pegaba, pero después me vi obligado a aprenderlo”.
Ya en sus viajes empezó a aprender freses que le han permitido salir de afanes. Aunque reconoce que donde es un analfabeta total es en el chino, el árabe y el hindú.
De Julio Verne a La Amante del teniente...
De niño no había televisión, pero sí libros de aventura como los de Julio Verne y Emilio Salgari; pero definitivamente, Sandokán era el ídolo que trabajaba en su imaginación de niño. Dos veces al año su padre lo llevaba a Barranquilla y Cartagena en una travesía en barco y mientras iba viendo riveras, ríos y vapor, iba haciendo su propia película. Pero eso sí, sólo dos libros le impuso su padre: Los Miserables y Quo Vadis.
Y la universidad por su formación social y política, lo hizo interesar por la historia; luego viajando, leía la geografía y el desarrollo de cada país con el fin de no quedarse corto en la interpretación de los mismos, lo que lo convirtió en una especie de “ratón de biblioteca rápido”. Ya en los últimos años y el cambio de su papel de lector por el de escritor apoyado en buenos cronistas como Marcel Proust, o el más comercial Manuel de J. Benítez con su Caballo de Troya.
“Haciendo maletas”, donde aconseja cómo viajar en tren, barco o avión, cómo obtener las visas y hasta cómo hacer maletas, es su primer libro; le sigue “A dónde ir”, en el que habla de requisitos de ingreso a 184 países, las mejores fiestas, rutas y maravillas del mundo y en general, “no haga o diga esto en tal país”. Se espera la novela “La Amante del Teniente”, con escenarios reales y o personajes ficticios.
“Entienda que las culturas extranjeras son para mirarlas y no para corregirlas”, es lo que en resumen expresa este experimentado viajero en sus libros.
Ahora que no viaja tanto, saca tiempo para ver documentales y noticias del mundo y si hay tiempo de dormir, sólo unas siete horas –afirma -; tampoco le hubiera gustado haber nacido en otro país, aunque le disgusten cosas como la indolencia en el trabajo y la falta de cultura de los conductores colombianos.