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LUIS EDUARDO GARZÓN ENTREVISTAS
El Colombiano ( Medellín ) -
"Mijo, si abandona la campaña le van a decir que es un cobarde", le dijo doña Eloísa a Luis Eduardo Garzón hace un par de semanas. Ese consejo de mamá le sentó muy bien al candidato a la Presidencia de Colombia por el Frente Social y Político, pues desde ese momento tiene nuevos bríos en la plaza pública y todo pinta mejor en las encuestas electorales.

Siempre que se habla de un personaje público se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer y el caso de Luis Eduardo Garzón, no es la excepción. Doña Eloísa Garzón tiene 73 años y conserva intacta su influencia maternal sobre Luis Eduardo.

Ambos recuerdan que cuando el hoy aspirante a Presidente no tenía todavía diez años, convenció a su mamá de cambiar el oficio de empleada doméstica, en una casa de alemanes, al de celadora en un edificio en la calle 20 con 42 de Bogotá.

Así pasaron varios años hasta que empezó a trabajar como "caddie" en el Country Club por un salario de siete pesos con cincuenta centavos, dinero que destinaba a pagar pequeñas cuentas de su casa. Esta etapa de su vida lo marcó en forma determinante al punto de que es un seguidor empedernido de los grandes abiertos de Golf que se realizan en todo el mundo.

A los pocos años de su paso por el Country, consiguió trabajo como mensajero en Ecopetrol y pudo terminar el bachillerato en un colegio nocturno de la capital. El hábito de trabajar en el día y estudiar en la noche no lo pudo cambiar, además las condiciones económicas no se lo permitían. Picado entonces por el bicho del sindicalismo, decidió seguir estudiando derecho en la Universidad Libre, donde se hizo abogado.

Rápidamente, Garzón se metió a la Unión Sindical Obrera, (USO) y gozó de un permiso sindical por más de tres décadas, tiempo suficiente para robustecerse como líder político de las centrales obreras donde siempre se destacó por su capacidad de oratoria y buen humor.

Hoy, al lado de Horacio Serpa, Álvaro Uribe, Íngrid Betancourt y Noemí Sanín, quiere ser presidente en el próximo período de gobierno, pero es consciente de su minoría electoral y ha empezado a apostarle firmemente a un gran movimiento político que arrase a una nueva constituyente.

¿Qué tiene de novedoso como alternativa política para ofrecerle al país el Frente Social?
Trabajamos en un proyecto y no en un candidato que nos acerque a convertirnos en interlocutores de movimientos sociales, por eso llamamos al movimiento Frente Social y Político, que es un nombre feo y largo, pero que engloba el concepto.

Ojalá pudiéramos llamar al movimiento Guantanamera, que es un verdadero punto de encuentro, de divergencia y de alegría. Pero es un frente social porque aspiramos a que el movimiento social sea un sitio de discusión y encuentro de discusiones. Esperamos convertirlo en un verdadero termómetro que analice cómo nos movemos. Somos pluralistas de amplio espectro y no vamos a subirnos al furgón del Partido Liberal.

Usted pasó de ser un líder sindical a un verdadero protagonista del proceso de paz que vive el país. ¿Cómo ve el futuro de ese tema?
Las cosas en el país y en el mundo han cambiado de velocidad y vivimos un escenario de plena negociación, de ahora o nunca. Soy consciente de que asistimos a los coletazos de la guerra y hay que ponerse de acuerdo. Yo digo hay que buscar que la agenda del Eln y de las Farc coincidan en algunos puntos. Por ejemplo, la agenda de la Eta, que es medio país España y medio Francia, es una agenda absolutamente reformista.

Yo quisiera saber cuántos colombianos han leído la agenda. Quiénes han leído el informe de los notables. Porque eso no sucede se caen en contradicciones como Noemí y Uribe que salieron a decir que eso era malo y hablaban de cosas que no decía el documento, porque uno en este país especula sobre la base del prejuicio.

¿Cuál es el esquema más apropiado para hacer que los diálogos fluyan mejor?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que no es rendición ni insurrección sino negociación política. Asumamos las agendas: ¿qué está el Estado dispuesto a negociar? ¿qué está dispuesta la guerrilla a decir? ¿cuál es su límite de negociación? Las respuestas a estos interrogantes nos ponen en un escenario por fuera del Caguán o por fuera de la zona de encuentro o en un acuerdo humanitario. Luego nos ponemos a discutir lo sustancial, como qué tipo de país queremos en lo económico, político o social.

El segundo punto es una reforma política que considere el acceso a los medios, les ponga condiciones a las encuestas, hable sobre financiación de campañas, etc. Que no solamente trate el problema del Congreso sino lo que significa en la justicia y en lo ejecutivo. Nos parece que mientras eso no se dé, ligado a la necesidad de la descentralización real por la vía de una segunda república, eso es mentira.

¿Qué es eso de la "segunda república"?
Nosotros planteamos un país de 10 regiones. Creemos que el modelo actual, que se desarrolló durante toda la década del 90, es absolutamente malo, pero no añoramos el modelo cepalino, que generó monopolios nacionales ni el neoliberal que genera monopolios transnacionales. Ambos conducen a la corrupción. El transnacional corrompe, como sucedió en el Metro de Medellín, o el nacional corrompe como sucede con el terrateniente o el latifundio.

Lo que nosotros señalamos es una economía mixta y plural: el Estado no delega educación, salud, servicios públicos y recursos naturales, pero lo demás lo puede privatizar, siempre y cuando el Estado sepa de la economía privada. Uno no puede estar produciendo de todo.

¿Los resultados en las encuestas no lo desaniman en su campaña a la Presidencia?
En este momento la gente me dice con frecuencia: "hombre Lucho, usted tiene una imagen favorable, pero le falta reconocimiento". Entonces pienso que estamos en la vía correcta de hacernos conocer. La gente debe saber que ésta es una propuesta diferente al sindicalismo. No soy un inmigrante ideológico, ni reniego de mi pasado, pero pienso que el mundo ha cambiado.

Hay cuatro fechas en la humanidad que para mi son claves: la revolución bolchevique, la bomba de Hiroshima, el muro de Berlín y el pasado 11 de septiembre. Todo esto cambió culturas, velocidades, dinámicas y verdades absolutas.

¿Tiene algún temor como candidato a la presidencia de un país tan convulsionado como el nuestro?
Nadie está libre, desgraciadamente. El país llegó a unos niveles de degradación tal, que la vida y la memoria se han perdido. Eso es lo que hay que recuperar. Ojalá nos acordemos de Consuelo Araujonoguera y no la olvidemos como lo estamos haciendo con Jaime Garzón. Hemos perdido la capacidad de sorpresa y garantizado unos niveles de amnesia impresionantes. Pero, no quiero que mostremos la muerte como alternativa, mostremos la alegría como camino.

Yo pienso que la gente no puede vivir con odios; yo tengo muchas razones de amigos míos que mataron, pero yo no puedo a nombre de eso ejercer la rabia. Yo puedo tener muchos resentimientos por exclusión social. A mi no me echaban champú sino Fab, a mi me escondían cuando llegaban las visitas y no lo digo como resentido.

¿De qué trata el libro que está escribiendo?
"Estoy escribiendo un texto y se llama 'Un espermatozoide vital' porque tuve la suerte de vivir reconozco las cosas bellas que da la vida. ¿Sabe cuál es la ventaja de este país? Que todos los días vivimos haciendo seminarios postconflicto con la esperanza de que esto va a pasar. Esa es la virtud que tiene el colombiano, que siempre está creando. Hay gente que pregunta de qué están hechos los colombianos, y yo respondo, pues de creatividad.



 
Luis E. Garzón
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