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La
violencia en el fútbol no constituiría más que
un reflejo de una sociedad violenta, un espejo
en el que la sociedad se contemplaría. Este
argumento, más que por la violencia en sí, indaga
por sus condiciones sociales de emergencia y,
sobre todo, por los violentos: marginales, excluidos,
incultos. Si la sociedad produce violencia,
es porque genera desigualdades intolerables
y, hasta cierto punto, sería razonable que los
excluidos hallen aquí una válvula de escape,
la ocasión para expresar su descontento.
El argumento de la pasión lleva a colocar las
raíces de la violencia en la esencia misma del
fútbol. Por lo tanto los mecanismos propuestos
para expurgar al fútbol de este indeseable subproducto
se concentran en el "control de la pasión".
Este control debería extenderse a los protagonistas
del espectáculo. En primer lugar a los propios
jugadores, quienes deberían ser sensibles a
estas pasiones y evitar su desborde, mediante
una conducta ejemplar dentro del campo de juego
-algo que, por otra parte, está previsto en
los reglamentos del deporte- y también fuera
de él -como todo espacio comunicativo, el del
fútbol debería expurgarse de "excesos", verbales
sobre todo.
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En
segundo lugar se trata de controlar el "exceso"
de los medios, en la medida que el periodismo
deportivo tiende, "simbólicamente", a una exacerbación
de las pasiones, convirtiendo una mera competencia
deportiva en un combate épico: la "furia española"
vs. los "vikingos noruegos", el "piraterismo
inglés" vs. "la maquinaria teutona", u oposiciones
por el estilo. Se trata, en el largo plazo,
de establecer un control por medio de la educación:
instrumento privilegiado que permite establecer
la diferencia entre lo imaginario y lo real.
Los protagonistas de la violencia son los integrantes
de las barras bravas. Estos grupos han crecido
con cierta protección de parte de dirigentes
de algunos clubes, y desde hace ya largos años
cargan con la responsabilidad de generar actos
que terminan destruyendo vidas humanas y bienes
de las personas.
El ex árbitro Javier Castrilli expresó que desde
la Secretaría de Seguridad de la provincia de
Buenos Aires "habrá un trato igualitario" porque
no existe peor disparador de violencia que la
injusticia y promete disminuir "la enorme sensación
de impunidad que se viven en los estadios de
fútbol". Además, puntualizó que el objetivo
primordial de su secretaría es la de "devolver
el espíritu festivo al fútbol" y destacó que
trabajarán en forma conjunta con otros organismos
del estado.
Para el ex árbitro es fundamental el trabajo
en conjunto con otros organismos y estar cerca
de los chicos para una educación masiva.
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