Había un sacristan que tenía la costumbre de hacer la siesta en el confecionario, llegó una feligrés y convencida que el sacerdote estaba en el confecionario, le dijo:
- padre, acúsome que mi novio me cogió los senos
se despertó el sacristan y empezó a buscar en el libro de penitencias que tenía el sacerdote a ver que daba de penitencia, no encontró nada, levantó la cortina y pasaba la madre superiora y le preguntó:
- madre, madre que da por una tocada de senos
la madre respondio:
- unas ganas de tener sexo |