En este lugar del mundo el forastero, obligatoriamente,
queda maravillado con la riqueza natural de su
tierra fértil, salvaje e inexplorada, y
con el palpitar de los palenques, primeros territorios
libres del continente americano, como lo es Quibdó,
población ribereña considerada como
la capital de esa Colombia negra, que alguna vez
buscó la independencia y aún hoy,
permanece como un mundo aparte.
Bordeando el río Atrato se construyeron
las obras arquitectónicas más representativas
de la ciudad, como la Catedral de San Francisco
de Asís, patrono de la población,
y el malecón, punto de partida ideal para
un paseo por esta ciudad, por la plaza de mercado,
donde se consiguen toda clase de productos autóctonos
para deleite de los curiosos, o las tienditas
de barrio que ofrecen artesanías propias
de la región, como las elaboradas con la
corteza de la damagua y el cabecinegro, probar
un helado de alguna fruta desconocida con propiedades
afrodisíacas, o navegar en canoa por el
Atrato.
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Aunque Quibdó está enclavado en
un territorio de selvas infranqueables, para los
amantes de la naturaleza los mayores atractivos
se encuentran en los alrededores de la ciudad,
al lado de los corregimientos pequeños,
abrigados por extensos bosques húmedos,
el ecosistema de mayor biodiversidad del planeta,
y donde se reúne la mística de la
cultura afro Chocóana.
Al norte está Tutunendo, palabra embera
que significa “Río de aromas”.
Es la segunda región de mayor pluviosidad
del planeta y una zona selvática que alberga
infinidad de especies animales y vegetales…
Lo mejor es que el recorrido por la selva es una
introducción al fascinante mundo de la
medicina natural Chocóana, y por qué
no a un trago de 'pipilongo', bebida famosa del
Chocó que, según los nativos, tiene
propiedades curativas y afrodisíacas.
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