Nemocón significa
“Lamento de guerrero”, atribuido a los zipas
porque era su sitio de reunión y en él
deploraban con llanto y gritos la derrota o la muerte
de sus jefes.
Los habitantes situados
en Nemocón explotaban desde tiempo atrás
sus ricas minas de sal gema; saturaban este mineral
hasta convertirlo en salmuera y en gachas de arcilla
cocida, producían por evaporación forzada
por el conocimiento, aquellos panes blancos que habían
visto los conquistadores.
Según los historiadores,
no es posible fijar una fecha exacta sobre la fundación
de esta población, que en 1537 encuentra los
primeros expedicionarios españoles, como centro
importante de conglomerado chibcha, por sus minas de
sal y a sus pródigas tierras cultivadas de maíz,
papa, nabos, base de su alimentación.
Se afirma que la sal
fue el incentivo y la razón de ser de esta población,
cuyo nombre era conocido y nombrado en todo el territorio
del reino chibcha.
Fundación
hispánica
Según el historiador
nemoconense, Luis Antonio Orjuela Quintero, en su libro
Sal y cultura, la población indígena estaba
ubicada arriba, alrededor de la salina, unos 200 metros
sobre el valle; ahí permaneció durante
los primeros años de la colonia hasta el mes
de julio de 1600, cuando el oidor de la Real Audiencia,
don Luis Enríquez, acompañado del escribano
Rodrigo Vergara, ordena el traslado de la población
a la parte plana, hace las mediciones, separa los lotes
institucionales y ordena el cumplimiento de las disposiciones
dadas.
En 1930 comenzó
la construcción del Hospital bajo la dirección
del doctor Roberto Ancizar Sordo, proyectado por el
Arquitecto Cantini.
En 1934 se creó
la Banda Municipal, cuyo primer director fue el costarricense
José Ángel Muñoz. En 1942 se hizo
el parque municipal.