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Guía de Restaurantes

 
Gastronomía
Los indígenas yanaconas que conocí en el Alto del Lavapatas me invitaron a su bazar de integración con otras comunidades nativas de la región. Pero nada de danzas aborígenes en taparrabos. Era un clásico pero humilde convite de “pueblo” en casetas con música bailable, donde vendían cerveza, guarapo y chicha, empanadas y pasteles, dulces y gelatinas, y los consagrados asados huilenses, sancochos y tamales.
Todo ello hace parte de la gastronomía de la región. Y como se trataba de “conocer” me decidí por el plato fuerte, un buen asado huilense compuesto por trozos picados de carne de cerdo. Del origen del animal no había duda. Sus cabezas colgaban en un palo del techo en la improvisada cocina. Igual, bajado con cervecita, delicioso.
 
Antes, me deleitaba por los caminos de herradura que cruzan los campos de San Agustín, con los aromas de cafetales, cañaduzales, platanales y piñales, que abundan en la región, así como las plantaciones tradicionales de los pisos térmicos templados, entre ellos el maíz.
El maíz fue clave dentro de las costumbres alimenticias de la cultura agustiniana. Varios vestigios carbonizados y encontrados en las excavaciones arqueológicas de la zona dan cuenta de que las mazorcas fueron su comida predilecta.
Y es que el agradable clima de la región posibilita al labriego, desde tiempos inmemorables, cosechar y recoger el maíz dos veces al año.
 
Por entre aquellos senderos pintorescos me decidí saltar la cerca de púas que protegía una plantación de piñas. Desde que me encontraba montado sobre el caballo negro que alquilé, me cautivó un piñita que recién nacía por entre un racimo de hojas puntilargas y carnosas, que se arquean hacia fuera; una mata bajita y sin tronco.
Me la robé. La arranqué con poco cuidado porque, más tarde, me di cuenta de que me sangraba el índice de la mano izquierda. Monté de nuevo a Agustín y partí entre el olor dulce que despedía la piñita coronada con un penacho de hojas verdes y de bordes puntudos.
 
San Agustín dulce
Por una de las calles del poblado, María Teresa Carrasquilla lleva dos canastas cubiertas con un plástico negro. “Hola. ¿Compras arequipe?”, me dijo. “¿A cómo?”. “A mil”. “Dame dos”. Se supone que los traería como presente para mi familia. Terminé vasito cuatro cuadras más abajo y el segundo, seis más hacia arriba.
Como María Teresa, muchos agustinianos saben preparar delicias como los dulces de mora, guaya, tomate de árbol, durazno, breva, fresa, además de los típico arequipes y espejuelos. En San Agustín un buen postre siempre se conseguirá antes de llegar a cualquier esquina.
Son tradicionales también los alfondoques y las panelitas. A propósito, microempresarios del corregimiento de Obando producen panela pulverizada que se promociona como “instantánea”, en presentaciones de una libra y un kilo.
 
Recetario
Asado huilense Casquitos de guayaba
Sancocho de gallina Arequipe
Achiras Chicha