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Yo hubiese
querido esa noche pernoctar a los pies de La Chaquira. Y admirarla
bajo la Luna llena más grande de los últimos años
–nada de que el satélite se encontrara más cerca
de la Tierra; la NASA se encargó de informar que correspondía
sólo a un efecto óptico-. ¿Acaso qué hotel
podría brindar una habitación a cielo abierto con vista
al Valle del Magdalena y sus cascadas, acompañado de una piedra
piramidal labrada por sus tres costados hace poco más de mil
años, y con servicios de Luna redondota y blanquecina y, como
cóctel de bienvenida, un solsticio de verano? |
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La
Chaquira la vi por última vez ese martes 21 de junio, cuando
avanzaba la noche, y me decidí por acudir al hotel de un amable
agustiniano que distinguí un par de días antes en el
Congreso Internacional de Turismo Arqueológico.
Pedro Nel es un tipo rebuscador, como muchas de las personas de San
Agustín. Ofrece toda clase servicios turísticos, comercializa
con artesanías y hasta le jala a los sistemas: me vendió
un CD ROM, por módicos diez mil pesos, moneda corriente, con
información básica del pueblo y su milenaria cultura
y un archivo de fotos estupendo. |
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Su hospedaje
se llama Imperio y muy a pesar de lo pretencioso que pueda sonar,
es una finca casona con cerca de una decena de habitaciones amplias
y con servicio de restaurante. Es un lugar típico muy recomendable,
además de ser económico.
El desarrollo turístico que por años ha mantenido San
Agustín y que hoy día se pretende fortalecer, permite
que el turista cuente con varias alternativas de hospedaje. Tanto
en el casco urbano como en los alrededores, muy cerca del pueblo,
el visitante hallará una veintena de hoteles con diversos precios. |
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El plan
de Posadas Turísticas, impulsado por el Ministerio de Comercio,
Industria y Turismo dentro del programa “Vive Colombia, Viaja
por Ella”, también se puso en marcha en este sitio Patrimonio
de la Humanidad y es una opción que el viajero no puede descartar.
Así como no es preciso descartar de tajo pasar una noche sin
más que una buena ruana de lana de ovejo y la infinidad de
lucecitas brillantes que inundan la bóveda negra del cielo.
Y claro, el alma y la mente abiertas dispuestas para lo que pueda
pasar. San Agustín no es la misma cuando se sobreviene la noche.
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