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¿Qué
hacer en San Agustín? Remontarse al pasado. Esta región
del sur de Colombia es la verdadera máquina del tiempo, se
sabe al visitar sus parques arqueológicos y ser testigo de
toda una cultura milenaria esculpida en una piedra; se siente al recorrer
sus caminos, se respira en el aire mismo.
Como lugar enigmático que es, San Agustín es también
propicio para la reflexión, el encuentro con la Madre Naturaleza
y con nuestros propios ancestros. Por ello ha surgido una nueva opción
para que el visitante pueda adentrarse un poco más en la cosmovisión
agustiniana y si se quiere, apropiarse y compartir la misma: el “turismo
esotérico”.
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Otros
le llaman “turismo alternativo”. Paulo Andrade le dice
sin más ni más “esoturismo”. Leo en la tarjeta
que me entregó “Turismo esotérico, ecológico
y etnográfico. Runas celtas, tarot osho zen, Calendario Maya,
I Ching”.
Él es chileno y llegó a San Agustín en abril
de 2005. Como muchos extranjeros, se enamoró de estas tierras.
Pero no es el único que presta este servicio para el turista.
Varios pobladores y expertos invitan a recorridos mágicos en
compañía de chamanes, jaguares y deidades en piedra.
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No es
cosa de charlatanes pero se recomienda precaución y asesorarse
con distintas personas y entidades del pueblo. De ahí en adelante,
se sugiere abrir los ojos, la mente y el espíritu. En estos
territorios confluyen en forma positiva tantos elementos naturales
con la huella contundente de un pasado lejano, que ser inmune a su
energía es si no inaudito, cosa de necios.
En días de Luna llena es excelente acercarse a los principales
puntos. Entrar a los parques arqueológicos es imposible, porque
cierran al atardecer. Pero el acceso es permitido en lugares como
La Chaquira, con el monumental Valle del Magdalena como telón.
Precioso.
Es momento para la meditación y la reflexión; para respirar
con abundancia su aire cargado de historia; para posar las manos sobre
la piedra, para recibir el viento húmedo que baja del páramo.
Para cerrar los ojos y escuchar historias de los lugareños.
Para beber una totumada de guarapo y departir cerca del humo que despide
la hoguera o cualquier otra cosa. |
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Antes de que el sábado cerraran el Parque Arqueológico
de San Agustín, un grupo de jóvenes universitarios
arrimó a la Mesita B donde me encontraba tomando
algunas fotos con lo que quedaba de la luz del día. Formaron
un círculo, se descalzaron y tanto hombres como mujeres desnudaron
sus torsos, para recibir un baño de Luna esplendorosa que subía
por el occidente.
Respiraron lentamente a la voz tranquilizadora de una mujer. Se transformaron
en cóndores y sobrevolaron los valles y montañas, según
alcancé a escuchar. Aunque no se inmutaban por mi presencia,
me sentí incómodo. Así que me retiré en
silencio con mi aburridísima cámara.
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Es una
experiencia mística que hay que vivir en San Agustín.
Pero hay más. En la zona también hay cabida para el
turista que busca aventura y sensaciones extremas, entrar en contacto
con la naturaleza, participar de la lúdica y la cultura del
agustiniano del ahora y del común, de la rumba y las fiestas
tradicionales.
El ecoturismo y el turismo de aventura están en boga. Y la
región no escapa al deseo de botar adrenalina del viajero de
hoy. Algunos operadores turísticos ofrecen realizar rafting
en el río Magdalena, torrentismo, rapel, senderismo y varias
modalidades más.
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