La Semana
Santa es una época de recogimiento y de reflexión
que se celebra por la muerte y resurrección de Cristo,
al momento de sacrificar su vida por la salvación de
los hombres. En la llamada "Semana Mayor" se proclaman
los misterios realizados por Cristo en los últimos
días desde su entrada en la ciudad de Jerusalén.
Los fieles creyentes usan ramos de olivo para iniciar la Semana
Santa el domingo de Ramos, que une el triunfo de Cristo como
Mesías por los habitantes de Jerusalén y el
anuncio de la pasión y resurrección. De ésta
forma los cristianos tratan de expresar su fe en Cristo que
va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres.
Éste domingo tiene un doble carácter, de gloria
y de sufrimiento, lo que anuncia el Misterio Pascual. Adicionalmente,
los días que van hasta el Jueves Santo pertenecen al
tiempo cuaresmal, caracterizados por los últimos acontecimientos
de la vida del Señor.
En la mañana del jueves Santo el obispo celebra junto
con su presbiterio, la Misa de los Santos Oleos, en la que
se bendicen los óleos que se usarán para la
celebración de los sacramentos.
El jueves, el viernes y el sábado santos simbolizan
el cambio del mundo viejo al nuevo, son los días de
renovación a través de la búsqueda y
muerte de Jesús. Estos días son de liturgias
especiales. En estos días se recuerda la última
cena de Jesús, con sus 12 discípulos; la traición
de Judas, que entregó a Jesucristo para que fuera sentenciado
y condenado a muerte; el viacrusis y la crucifixión.
El viacrusis es el recorrido que hace Jesús coronado
de espinas, cargando el travesaño donde será
clavado, hacia la cima del monte del Calvario. En ese recorrido
Jesús recibe los azotes e insultos de la guardia romana,
cae exhausto en tres ocasiones y vive además el inmenso
dolor de su madre, María, y de María Magdalena.
Las catorce estaciones del viacrusis simbolizan para los cristianos
el camino de dolor que lleva a la resurrección del
espíritu. El viernes santo a las tres de la tarde se
cumple el episodio más triste de la Semana Santa; la
muerte de Cristo.
El sábado de gloria se celebra la vuelta del espíritu
de Cristo al reino de Dios. El domingo de resurrección
se alcanza el momento de mayor júbilo en este calendario:
Jesucristo vuelve desde la muerte.
Viacrusis
I Estación
Jesús
es sentenciado a muerte. Jesús ratificó
con su poder sacerdotal la sentencia que lo condenaba
a muerte . . .
Acepta el alma amorosamente la sentencia divina que
la constituye víctima, aceptándola como
tal: ¡Jesús, "eccevenio", aquí
estoy para cumplir tu voluntad !
II Estación
Jesús
recibe su cruz. La cruz que el alma, a semejanza de
Cristo recibe sobre sus hombros, es el dolor o conjunto
de dolores, que según la disposición divina
la han de inmolar.
¡ Con qué amor recibe el alma la cruz bendita!
¿Tiene Jesús algo mejor que dar en este
mundo a los que ama?
III Estación
Jesús
cae por primera vez. A las veces la víctima ha
de sufrir desmayos.
Jesús quiso caer para que el alma no se desaliente
cuando el dolor la oprima y para que esté segura
del auxilio que Jesús le mereció.
IV Estación
Jesús
encuentra a su Santísima Madre. ¡Qué
dulce es pensar que María estará a nuestro
lado a la hora de la inmolación. La Santa Madre
es quien forma a las víctimas.
En su seno, en su corazón, me formaré.
Formar víctimas es formar a Jesús.
V Estación
Simón,
el cireneo, ayuda a Jesús. Jesús quiere
que le ayudemos a llevar la cruz, no tanto para aliviarle
su carga, cuanto para participarnos su gloria y su dicha.
Siendo tan generoso, ¿ Podía reservarse
para él sólo tan gran riqueza?
!Oh tesoro divino de la Cruz, lo más rico y dulce
que existe en la tierra! ¡La última palabra
del amor!
VI Estación Jesús
graba su Divino Rostro en el velo de la Verónica.
Para ser víctima hay que transformarse en Jesús.
La gran Víctima debe grabar en el alma su imagen,
no la manera superficial, sino profunda; pero su imagen
dolorosa, ¡la que tiene sangre y polvo y la saliva!
¿Cuándo será la anhelada transformación?
VII Estación
Jesús
cae por segunda vez.
Las caídas de Jesús enseñan al
alma que para ser víctima, hay que descender
hasta lo profundo del dolor..
VIII Estación
Jesús
consuela a las mujeres que lo acompañan.
La víctima perfecta y sobre todo la Víctima
sacerdotal, deber olvidarse de su dolor y de su inmolación
para atender y consolar a los demás, como Jesús
se olvidó de sus dolores para enseñar
a las piadosas mujeres.
IX Estación
A
qué profundidades debe llegar la víctima!
Pero con el Señor, que quiso arrastrarse en la
tierra para acompañarnos en nuestras inmolaciones.
X Estación
Los
verdugos desnudan a Jesús.
La víctima debe estar espiritualmente desnuda:
¡ qué divina desnudez es necesaria para
llegar al dolor amoroso y fecundo!
XI Estación
Jesús
es clavado en la Cruz.
Tenderse sobre la cruz, es ser colocada sobra el altar,
es el glorioso destino del alma víctima, su anhelo
supremo, su dicha cumplida. Allí encuentra a
Jesús como en ninguna otra parte; es tálamo
sangriento y feliz de Jesús y del alma.
XII Estación
Jesús
muere en la Cruz.
Morir con Jesús, morir por Jesús, morir
en Jesús, es el acto específico y sacerdotal
del alma víctima. ¡Si Jesús me concediera
morir mártir! ¡Pero me concederá,
sin duda, morir víctima!
XIII Estación
Jesús
muerto en los brazos de su Madre.
¡Qué gozo saber que las manos inmaculadas
de María nos ofrecen en el momento solemne del
sacrificio y que nos han de recibir al bajar de la cruz!
¡Manos inmaculadas de María! ¡ Manos
maternales! ¡Manos sacerdotales!
XIV
Estación
Jesús
en el sepulcro.
La última etapa de la víctima es el olvido
y la abyección del sepulcro a donde descendió
Jesús. ¡El sea bendito!.