LEYENDA LA PATASOLA

Duras jornadas en el campo tienen labriegos y caminantes que entre las espesas montañas de Colombia se mueven entre trochas y muchas veces entre las malezas como remedo de un camino que parece no tener fin, muchas veces con bastante aguardiente entre pecho y espalda y otras con apenas un agua de panela y un pedazo de yuca como combustible.

La Patasola

A veces con prisa y a veces con la parsimonia de una noche cantada a ritmo de guarapo, un vaivén, un loco zigzag que saca risas que luego no se pueden contener y de repente un fulgor despierta los sentidos en medio de la ruta y la inquietud hace que un cuerpo cansado reviva en una energía curiosa y en cuestión de unos segundos la vista se nubla y aparece un brillo, una maravillosa y excitante aparición, es una hermosa mujer, la mujer más bella que se pueda encontrar en estas cordilleras agrestes.

¿Qué hombre no se resiste ante los encantos de una mujer bonita como no hay dos?, una presencia como ninguna otra, una mujer que enloquece con su belleza y que despierta los más pecaminosos pensamientos, no importa qué venga después pero a esa mujer no se le hace el quite jamás porque ni bobo que fuera como para despreciar ese bocado delicioso en medio de tanto fiambre montañero.

No hay escrúpulos ni moral, no hay miedo sino un corazón que late velozmente, esta noche no hay conciencia ni nada que nos ate porque solo a los perros y a las bestias se les amarra, esta noche hay luna llena y a este macho no lo ataja nadie, va a ver mujer divina que la voy a llevar a las estrellas, venga para acá muchacha linda que le voy a enseñar lo que es querer como nunca la han querido.

La pasión bucólica se desata en la cañada pero aquella belleza casi imposible de creer comienza a transformarse en la más horrenda de las pesadillas, gritos de horror desgarradores y de angustia superior hacen eco en todas las montañas y hasta en los más alejados ranchos la gente levanta la mirada al cielo para elevar plegarias, así es, la patasola ha atrapado un nuevo incauto, o sinvergüenza como prefieren decirlo las viejas y sabias matronas.

No importa que el hombre que grita sea el más diestro y fuerte atrapando novillos para la marca ni tampoco que sea un camaján cargando bultos de café, la patasola es la misma encarnación del mal y poco se puede hacer cuando se ha sucumbido a sus mortales encantos.

Una mujer con fuego en sus ojos como candela del infierno, una boca grande e inmunda con colmillos de puma o jaguar y un cuerpo que termina como una sola pata espera a su presa agazapada entre la hierba o el matorral, a veces lo engaña con lamentos que logran llamar la atención del caminante quien se presta a ayudar, otras veces simplemente se lanza sobre él como la peor de las fieras hambrientas y enloquecidas hasta destrozarlo sin siquiera dejar carroña para los gallinazos.

Los caminantes deben ser cuidadosos, hay que guardar cautela porque peligros hay muchos y mejor aún es ir acompañado de animales, especialmente de perros, ojalá perros bravos porque son los únicos que logran hacer que la patasola retroceda y desista de atacar, esa patasola que no tiene escarmiento con su pena, esa que la condenó a vagar errante brincando sobre la sola pierna que le dejó su engañado esposo cuando la encontró en amoríos con su patrón y sin compasión cortó la cabeza de este con un machete y con el mismo arrancó de un lance la pierna de la adúltera.

El origen de la leyenda de la patasola está ubicado geográficamente en el departamento del Tolima pero su influencia cobija todo el territorio nacional consolidándose como una de las creencias campesinas más populares.