El
café en la economía colombiana
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"El
café más que un producto agrícola
es ante todo un tejido social, cultural, institucional
y político que ha servido de base para la estabilidad
democrática y la integridad nacional. Esta actividad
representa el corazón de la sociedad rural colombiana
ofreciendo una oportunidad de trabajo, de ingreso y
de subsistencia". Sin duda, estas palabras extractadas
del Informe Final de la Comisión de Ajuste de
la Institucional Cafetera son las que mejor resumen
la importancia del café para la economía
del país.
Y
no es para menos, pues la historia del café está
ligada al progreso de sectores como el comercio, la
industria y el transporte, por lo que ha sido señalado
a su vez, como un motor del desarrollo.
Seguramente,
por esta razón fue que la Comisión decidió
bautizar al grano como un capital social estratégico.
El papel de la Comisión, precisamente es fundamental
teniendo en cuenta, las precisiones que sobre el tema
brinda a través de este documento y por ser la
junta que elaboró un diagnóstico sobre
la situación por la que atraviesa el sector.
¿Pero
cómo se llegó a este proceso? Las primeras
semillas de café se dieron en la Nueva Granada
(antiguo nombre con el que era conocida Colombia en
la época de la independencia) en 1723. No obstante,
fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando el café,
se consolidó como un generador de empleo y divisas.
De
esta forma, el café poco a poco fue adquiriendo
un papel protagónico e incluso un mejor desempeño
que si se le compara con el tabaco, para el país
que al compararlo con el tabaco, la quina, y aún
el oro.
Esto
se notó igualmente, en un aumento en la participación
total de las exportaciones, las cuales para el período
de 1865-1869 pasaron del 9% a un 55% en 1895, según
datos de "El Café en la Encrucijada. Evolución
y perspectivas" de Eduardo Pizano editado por Alfa
Omega y la Revista Cambio.
"En
síntesis se puede afirmar sin lugar a exageraciones
que el sector cafetero ha sido vital para el empleo,
el crecimiento económico, el desarrollo industrial,
las finanzas públicas y la distribución
del ingreso. La expansión del sector impulsó
el crecimiento del sector financiero y de los transportes
y se constituyó en una fuerza poderosa de desarrollo
regional", comenta el texto.
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Incluso
sería tal el aporte que como lo afirmó
en una ocasión el ex ministro de Hacienda, Juan
Manuel Santos el café en los últimos cincuenta
años le entregó a las arcas del Estado
más de 11 mil millones de dólares.
Santos
destacó a su vez, como se comprometieron los
caficultores con velar por la inversión social
y pública en sus zonas de cultivo, encargándose
durante varios años de asumir los costos por
obras de infraestructura como carreteras, vivienda y
acueductos, entre otros.
Una
caficultura heterogénea
Ahora
si se profundiza en las características de la
caficultura colombiana, habría que precisar en
su tejido y su heterogeneidad.
En
el primer punto, se evidencia un gran sentido del trabajo
colectivo, el apego a la tierra transmitido por generaciones
y un arraigado sentido de organización social,
entre otros.
En
cuanto al segundo, conviene aclarar lo heterogéneo
de esta industria. Así, mientras de las 566.000
familias productoras, un 95% tienen propiedades cuyo
tamaño promedio es inferior a 9 hectáreas.
De este número, 364 mil son cultivadores que
poseen fincas con un tamaño promedio de tres
hectáreas y con sembrados de café inferiores
a una hectárea; eso por citar sólo uno
de los casos.
También
está el hecho de que un 64% de los caficultores
son minifundistas, otro 31% corresponden a lo que se
denomina economía cafetera campesina y un 5%,
a los cafeteros empresariales.
Respecto
al mapa cafetero, este se distribuye en cuatro regiones.
La región Norte, que incluye los departamentos
de César, Guajira y Magdalena y la región
oriental abarca a Norte de Santander, Santander, Boyacá
y Cundinamarca.
En
la región centro occidente se encuentran Antioquia,
Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima y Valle y
finalmente, la región sur la integran Huila,
Cauca y Nariño.
De
todas ellas, sin embargo es en la región centro
occidente donde se da la mayor concentración
del empleo cafetero.
En
este aspecto, nuevamente las palabras de Santos nos
ilustran al respecto al tiempo, que ofrecen una perspectiva
más global cuando admite "desde una óptica
estrictamente económica el café representa
más de un tercio del empleo rural y una quinta
parte del producto agrícola".
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"La
mitad de los municipios del país dependen de
la caficultura y medio millón de familias de
esa actividad. La economía cafetera en su conjunto
aporta directamente e indirectamente el 25 % de la demanda
interna", expresó en otra ocasión.
Todas
estas apreciaciones son las que llevan afirmar en definitiva
que si el café y quienes se dedican a esta actividad
atraviesan dificultades, es lastimado el mismo corazón
de Colombia. Por eso, ahora es el momento de "echarle
una mano" a esta industria que siempre será
parte vital para la identidad del país.
Decir
que el café ha sido un motor del desarrollo,
no es una exageración, pues el progreso en esta
industria actuó como un propulsor de sectores
como el bancario, el comercio, la industria y el transporte,
de manera que la misma historia de uno de nuestros productos
más reconocidos en el exterior esta ligada a
todo ello.
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