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Culturas Doradas: Sinúes


Ubicada entre las hoyas de los ríos Sinú, San Jorge y Nechí, la explotación de ricos yacimientos de oro y la fabricación de joyas, constituyeron el principal producto de esta región. Sus enormes templos y santuarios guardaban grandes ídolos de madera enchapados en lámina de oro y gran cantidad de objetos del mismo metal, que despertaron la avidez de los conquistadores y dieron origen a cruentos saqueos.

Además de ser grandes orfebres, fueron buenos ceramistas, así se aprecia en el buen desarrollo de la técnica alfarera. Entre las formas más abundantes de la cerámica de esta zona figuran las copas, cuya pata es una figura de mujer o de hombre que, parada en un pedestal, sostiene en la cabeza el tazón de la copa.

Las representaciones de saurios, aves, acuáticos y felinos, que también fueron frecuentes en la decoración de recipientes, rodillos y pintaderas. Son comunes las copas de base campaniforme, cuencos y escudillas, ofrendatarios en forma de canastos, pitos esferoides u ornitomorfos.

De su gastronomía sobrevive, entre otras, la costumbre del consumo de hicoteas, tortugas abundantes en los pantanos desecados estacionalmente, y de sus destrezas, el hábil uso de canoas en el trabajo. Aprovecharon a cabalidad la abundancia de peces y mamíferos acuáticos de la región, como muestran los muchos ejemplos zoomorfos de su magnífica orfebrería, una de las más destacadas de Colombia, al lado de la de los quimbayas y calimas.

La cultura Sinú se expandió desde ocho siglos antes de la era cristiana por las cuencas de los ríos Sinú, San Jorge, Cauca y Nechí. Al momento de su auge, su territorio estaba dividido en tres provincias con funciones económicas complementarias: producción de tubérculos alimenticios, de variadas manufacturas y explotación del oro nativo. Sus jefes, miembros de un mismo linaje, controlaban la distribución masiva de productos. En las zonas inundables del Bajo San Jorge manejaron las aguas mediante un sistema de canales artificiales que cubre 500.000 hectáreas. Una numerosa población se estableció a lo largo de los ríos, en viviendas aisladas o en aldeas, construidas sobre plataformas artificiales. Hacia el año 1000 d.C., la población disminuyó notablemente. Algunos grupos que sobrevivieron en el río Sinú hasta la conquista narraron a los europeos el auge del gran Zenú.


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