Por: Redacción Colombianos • Colombia.com

Óscar Murillo, un colombiano que anda revolucionando el arte

Este vallecaucano de La Paila, llegó joven a Londres, allí ha dado rienda suelta a su talento en el mundo de las artes plásticas y hoy es un consagrado artista con distinciones tan importantes como el Turner Prize, el más importante en el mundo artístico.

Óscar Murillo aseó oficinas en Londres y ahora es un reconocido artista con obras de elevado valor monetario. Foto: Twitter @KarenHurtado6
Óscar Murillo aseó oficinas en Londres y ahora es un reconocido artista con obras de elevado valor monetario. Foto: Twitter @KarenHurtado6

Este vallecaucano de La Paila, llegó joven a Londres, allí ha dado rienda suelta a su talento en el mundo de las artes plásticas y hoy es un consagrado artista con distinciones tan importantes como el Turner Prize, el más importante en el mundo artístico.

En La Paila y Zarzal en el departamento del Valle del Cauca se respira dulce, todo sabe a caña y bajo el sol los muchachos corren detrás de una pelota escuchando historias de un tal Faustino Asprilla y atajando balonazos al mejor estilo de Calero, Córdoba y para los más viejos, Zape.

Un buen día un hombre que llevaba muchos años trabajando en una empresa transformadora de caña de azúcar decidió irse a probar suerte a Europa, no le importó dejar años de trabajo en la empresa, y tomó sus ahorros y se fue a lavar baños al viejo continente, pero eso no le importó porque sabía que los sacrificios limpiando oficinas y todo tipo de mugre, le daría las comodidades que trabajando el dulce en Colombia solo daban amarguras.

En la fría Londres, entre una babel que comía pescado con papas, un pequeño de 10 años que soñaba con ser futbolista llegó con sus padres, estudió y con el paso del tiempo también llegó a limpiar oficinas como su padre, pero es que una cosa es limpiarlas al otro lado del charco, donde la plata si rinde, que hacerlo en Colombia, donde apenas se come con la paga.

Óscar Murillo a la par con su trabajo de ornato pintaba, sí, y lo hacía con una gracia única, sus obras no eran parecidas a ningunas y en ellas reflejaba su visión de la vida, sus sentimientos, y también a su lejana y cálido país.

En medio de los museos, Óscar Murillo conoció la obra de la artista colombiana Doris Salcedo, e inmediatamente quedó fascinado, en ellas veía un país agitado, muy diferente a su pueblo tranquilo, pero ajeno a la vez, porque lo había dejado siendo un niño y la obra de la colombiana lo motivó a continuar el camino de las artes plásticas.

Murillo estudió en la Universidad de Westminster e hizo una especialización en el Royal College of Art, luego comenzó un vertiginoso camino en el cual sus obras se fueron conociendo en pequeñas galerías y luego en otras más grandes de Londres e Inglaterra.

Este artista de La Paila, pasó de las pequeñas galerías a realizar exposiciones en Los Angeles y en Berlín y pasó de venderlas en unas cuantas libras a cifras enormes, como los 400 mil dólares que pagó el actor Leonardo Di Caprio por una de sus obras, en las que mezcla el grafitti, la evocación de su tierra natal y las faenas de limpieza en las que trabajó, y como elemento adicional y no menos protagonista, palabras en español como yuca, arepa, mango, chorizo y maíz.

Murillo ganó el Turner Prize, el premio más importante del arte, pero a él no le interesan los premios, él quiere seguir siendo un hombre que plasma su sensibilidad en sus obras, aunque a pesar de su aparente indiferencia, se convierte cada vez más en un artista contemporáneo muy, pero muy reconocido y afamado.

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