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Más
que un sentimiento
La
primera vez que fui al estadio Olímpico Pascual
Guerrero me hice hincha del Deportivo CALI. Aquel día
de 1983, el Glorioso enfrentaba al Unión Magdalena
y luego de acabarme una paleta, un cucurucho de maní
y unas rosquillas (verdadera razón de mi ida
al coliseo sanfernandino) logré concentrarme
en el partido. A los 5 años se va al estadio
a comer, a dormir o a aprender las primeras groserías
y mi caso no era una excepción.
Cuando logré meterme en el partido, luego de
mi "mecatiada", me di cuenta que el CALI perdía,
ahí fue cuando me dejé llevar por la alegría
de mis primos y comencé a saber lo que era hacer
fuerza por un equipo. Al final del encuentro los verdiblancos
remontaron el marcador ganando 3-2, yo me volví
hincha y ese día disfruté más que
nunca la manga biche de la salida.
A partir de ahí mi sentimiento por el Deportivo
CALI no ha parado (ni parará nunca!) de crecer.
Lo que comenzó como un juego de niños
ahora se ha transformado en una pasión incontrolable
que me hace gritar, llorar, sufrir, reír, putear,
pelear, pero sobre todo gozar. Este sentimiento se despierta
cada vez que los azucareros saltan a un terreno de juego.
Y yo, poseído por un amor eterno, me transformo
cada vez que veo jugar a mi CALI lindo.
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Gracias
al verde le agarré cariño al fútbol
y lo empecé a practicar en el colegio, donde
la rivalidad con mis amigos era vibrante. Jugábamos
"picaditos" CALI - América, nos poníamos
las camisetas de nuestros ídolos y nos creíamos
igual o más que ellos. En semanas de clásico
todo el tiempo hablábamos del partido, hacíamos
nuestros pronósticos y por supuesto que apostábamos.
No importaba perder y gastarse la plata de la comida
en apuestas, porque cuando alguien te retaba y se metía
con el CALI, simplemente vos no le podías decir
que no. Eso jamás!!!
Desde el 83 hasta el 96 fui al Pascual a ver a la Amenaza
Verde, trataba de no perderme ningún partido,
de alentar a los jugadores que estuvieran y gozaba cantando
los goles y viendo las jugadas que luego trataba de
imitar, (sin éxito, que quede claro).
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Los
partidos que más vibré en mis inicios
como hincha fueron los cinco clásicos contra
el América en las Copas Libertadores de 1986
y 1987. Cinco clásicos en Libertadores en dos
años! Qué más se puede pedir? Ahí
vi al Pibe Valderrama en sus inicios y a Redín,
que era mi gran ídolo. Recuerdo el quinto de
esos clásicos como el más vibrante. En
la Copa de 1987 los dos equipos de la Sultana tuvieron
que disputar un tercer partido para definir cual de
los dos se clasificaba a las semifinales, ese partido
terminó igualado a ceros en los 90 minutos reglamentarios,
luego se jugó un alargue de media hora y el marcador
seguía igual, por lo que tuvo que definirse desde
los doce pasos. Osma y el paraguayo "coco"
Mendoza erraron sus cobros y el Cali cayó esa
fatídica noche.
Durante
los trece años en que asistí al estadio
del tradicional barrio San Fernando de Cali logré
vivir todo tipo de sensaciones. Recuerdo como momentos
inolvidables los clásicos, las jugadas del uruguayo
Nadal, los balazos del "polaco" Escobar, las
atajadas del "gato" Fernández, la sapiencia
de Popovic, las jugadas recias de Amado Nunes, los golazos
de "checho" Ángulo, los cinco goles
de Aravena contra Tolima en el 87, la pantaloneta remangada
del "negro" González, las ganas de
Ambuila, los rezos de Toninho, la precisión de
Mafla en los tiros libres, la fuerza de Ricard, el talento
y la calidad de Bonilla, los goles de Calero, en fin,
gocé mucho en ese estadio!!!
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Un
momento de mucha felicidad fue el título en 1996,
después de 22 años de sequía. Para
mí había sido una espera de toda una vida.
Nunca había visto a mi equipo campeón.
El partido final fue ante el América, que decidió
doblar el precio de las boletas sabiendo que les íbamos
a llenar el estadio, el horario poco habitual: once
de la mañana y el marco espectacular, el estadio
lleno de hinchas verdes, el sol candente quemando en
occidental y para coronar la fiesta una caneca (media)
de aguardiente por cabeza. Al final el empate, el campeonato
después de tantos años, las lágrimas
del Pecoso y la cancha llena de gente.
Luego jugamos la Libertadores después de 10 años
en el 97 y recuerdo de manera muy especial el empate
a dos goles ante Millos en el Campín. Perdíamos
2-1 y los hinchas que estábamos sufriendo en
el estadio de la 57 resignábamos toda esperanza
hasta que llegó la paridad gracias a un gol de
Mafla. Sinceramente uno de los goles que más
he gritado en mi vida. Tal vez porque jugábamos
de visitante y ya todo parecía perdido.
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El
98 y el 99 fueron dos temporadas que recuerdo con mucho
cariño. En el 98 fuimos campeones gracias a los
37 goles de Víctor Manuel Bonilla. Ese tumaqueño
calidoso ha sido mi gran ídolo de todos los tiempos
junto a Redín. El equipo de esos dos años
nos permitió a los hinchas saborear otro título
y coquetearle a la Copa Libertadores. Recuerdo la seguridad
de Dudamel, la solidez de Yepes, las proyecciones de
Bedoya, el equilibrio con Carepa, Pelusa Pérez
y Martín Zapata en la mitad, el talento de Arley
y de Mayer y la capacidad goleadora de Bonilla.
Sufrí
mucho en la final contra Palmeiras en el 'Pascual'.
A ese partido casi no puedo ir porque al día
siguiente tenía un examen final de la universidad.
En todo caso ganamos en Cali, estuve en el estadio y
al día siguiente presenté el examen en
medio del guayabo y el placer de la victoria.
Del 99 para acá el Cali ha tenido muchos cambios
en la dirección técnica y el rendimiento
deportivo no ha sido el mejor, pero el equipo se ha
fortalecido mucho como institución y la verdad
es que somos el club más grande del país.
Por todo. Por organización, por las dos sedes
que tenemos, por ser el equipo que más jugadores
vende al exterior, por no tener problemas económicos
y porque posee una de las mejores nóminas del
país.
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Ahora
se sueña con la ilusión de tener nuestro
propio estadio, volver a ganar un título y obtener
la Libertadores. Por lo pronto, disfrutamos de la calidad
de Giovanni, la velocidad de Murillo, los goles de Castillo
y los conocimientos de Quintabani.
Como quisiera poder volver a disfrutar una paleta en
el estadio, ahora no la disfruto, la uso como una distracción,
algo que me ayuda a contrarrestar ese sentimiento y
esa pasión que me transforma y me hace sufrir
más que nada cuando veo a mi CALI, ese CALI que
me enseñó lo que es ser un verdadero hincha.
Verde, cómo te quiero!!!!
Por: Federico Muñoz
futbolvida@hotmail.com
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