Sucesos
poco gratos rodearon a Santa Marta en el 2003. Primero,
fue la
muerte de las dos turistas,
Ana María Valencia y Adriana Rodríguez cuyos
cadáveres fueron encontrados el 31 de julio de
2003 en una cueva de la zona de Arrecifes en el Parque
Tayrona. Luego, se dio el
derrame 170 toneladas de combustible en el
sector de Pozos Colorados.
El siguiente hecho que no se podría dejar de mencionar,
fue el secuestro de cuatro israelíes, dos británicos,
un español y un alemán que fueron plagiados
cuando realizaban un recorrido por la Sierra Nevada el
12 de septiembre. De este grupo, la alemana Reinhilt Weigel
y el español Asier Huegún Etxeberría
recobraron la libertad el 23 de noviembre, mientras que
el resto del grupo lo hizo el 22 de diciembre.
En el primer caso, salió a relucir que el segundo
parque más visitado en la Costa Atlántica
y en el país, es al mismo tiempo, territorio
de contrabandistas, paramilitares y narcotraficantes.
En esa ocasión, el Gobernador del Magdalena,
José Domingo Dávila Armenta, instó
a tomar medidas de seguridad y resaltó que la
Unidad de Parques, adscrita al ministerio del Medio
Ambiente, no cuenta con la infraestructura necesaria
para preservar la seguridad en el Tayrona.
Se conoció también, según informaciones
preliminares, que las jóvenes habrían
sido primero violadas y luego asesinadas, como se evidenció
en el lugar en el que fueron encontrados los cuerpos
de las mujeres, donde se hallaron rastros de lucha.
Rodríguez, era una joven de 25 años,
quien el 2002 se graduó como Comunicadora Social
de la Universidad de la Sabana. Esta mujer, se dedicaba
a realizar labores de divulgación en la Red de
Desarrollo Sostenible, un proyecto de cooperación
del Instituto de Hidrología, Meteorología
y Estudios Ambientales Ideam, Colnodo y el Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Por su parte, Valencia había concluido una monografía
y había decidido tomarse unos días de
vacaciones en Santa Marta, así que estando allí
decidió acercarse al Parque Tayrona.
El trabajo que realizó, hacía parte de
una especialización que cursó en Burdeos
(Francia) y que vino a preparar en Colombia.
Igualmente, la muerte de estas dos jóvenes no
fueron las únicas que se presentaron por esos
días aparecieron también, los cuerpos
de los hermanos Óscar, Eder y Galis Donato, quiénes
después de conocerse el fallecimiento de Valencia
y Rodríguez se presentaron parar reclamar las
pertenencias de las dos mujeres.
El derrame de combustible
Pero la historia de estas dos jóvenes no es
el único episodio presentado en la zona, también
está la desaparición del administrador
de empresas Efraín Beltrán Girón
el 26 de abril y la del pescador Alejandro Fernández
el 2 de junio.
La de Beltrán se produjo luego de que él
y su esposa, Ana Bertha Vallejo, se extraviaran en Playa
Brava, un lugar al que llegaron cuando se encontraban
visitando los alrededores del Parque Tayrona. Ese día,
después de perder el camino decidieron pasar
la noche allí y la mañana siguiente, Beltrán
partió sólo en busca de ayuda, sin documentos,
ni alimentos y no regresó de este viaje que había
realizado para tomarse unas vacaciones.
En cuanto al caso del derrame de las 170 toneladas de
combustible, el incidente ocasionado por el choque de
la barcaza de Prodeco contra el buque turco Alma Alta,
llevó a que el Rodadero fuera cerrado por cerca
de dos días.
La situación de alarma no se hizo esperar y el
Gobierno tuvo que ponerse al frente de los hechos. Se
procedió a aplicar un plan de contingencia, empezó
la operación de limpieza de la mancha y por decisión
de la Corporación Autónoma Regional del
Magdalena, Corpamag, Prodeco fue sancionada.
Corpamag obró de esta manera, al considerar que
la compañía violó las normas de
protección de los recursos naturales renovables
al no adoptar medidas preventivas en el momento del
cargue de la barcaza que colisionó con el barco.
Asimismo, le impartió la orden a Prodeco de
recuperar el combustible derramado y ejercer un mayor
control de las barcazas y los remolcadores garantizando
una mayor seguridad en este tipo de operaciones.
Finalmente, lo que queda claro es que tipo de acontecimiento
atentan contra el turismo, el comercio, la seguridad
de los habitantes y contra el corazón de esta
bella ciudad que sin duda anhelara que episodios como
este no vuelvan a repetirse y se borren de su memoria.
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