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HOY, EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA

Los Arhuacos en el mundo occidental
Hoy, en la Sierra Nevada de Santa Marta
Traje típico de los arhuacos

Visión Chamánica es una publicación sobre Salud, Etnomedicina y Chamanismo que busca divulgar una idea integral de la salud desde el punto de vista de la medicina tradicional indígena, igualmente da a conocer el valor de esta medicina, contribuye a su rescate y crea un espacio para el diálogo intercultural entre las medicinas indígenas y las demás tradiciones médicas, incluida la medicina alopática occidental. Esta edición también posee una versión electrónica, el portal http://www.visionchamanica.com

www.visionchamanica.com, obtuvo una entrevista exclusiva con el mamo arhuaco Arwa Vikú -Crispín Izquierdo-, un médico tradicional indígena que vive en Bogotá. El Mamo habla entre otros temas sobre la situación actual de los Arhuacos. Reproducimos fragmentos de la entrevista realizada por Ricardo Díaz, Iván Arana y Consuelo Pinzón.

¿En qué consiste la salvaguardia de la Sierra Nevada? ¿Qué representa la Sierra Nevada para el mundo y para ustedes?

La Sierra Nevada de Santa Marta nosotros la consideramos como "Tierra de Sabios", es tierra de inocencia, es tierra de humildad. Nosotros la tenemos demarcada alrededor y la miramos desde tres puntos de vista. Hay una circunferencia interna que nosotros la conocemos como seinekan (Madre Tierra), una segunda circunferencia que la conocemos como mannekan (Tierra Blanca), y una tercera circunferencia que la denominamos como bunnekan (Tierra Roja). Dentro de esos tres círculos está el conocimiento sobre la tierra, el conocimiento sobre la cosmogonía y el conocimiento sobre el infinito. De tal manera que nosotros la Sierra milenariamente la tenemos demarcada con 54 puntos -ahora llamados vulgarmente "mojones"-. Son unos puntos de origen, tradicionales, y en cada punto de esos está asignada una determinada materia para el mundo. De ahí que consideramos que la Sierra no es solamente de nosotros, sino que simplemente nosotros la cuidamos para servicio del planeta, ya que cada fenómeno extraño que ocurre en la Sierra es algo que está viviendo el planeta.

Así como la sierra nevada de Santa Marta ha sido deforestada en un 75% -incluso más, es posible, como un 85%-, pensamos que de esa misma manera ha sido destruido el planeta Tierra. Nos queda solamente un 15%. De ahí que en este momento se está dando una reestructuración interna muy seria, muy fuerte. Por ejemplo, este año se cancelaron todas las 25 escuelas que había en la sola zona de nosotros los arhuacos, con el fin de que todos los niños y profesores regresen nuevamente al conocimiento de los mamos. Porque se estaba imponiendo una educación que tenía más sentido para la sociedad foránea que para el mismo conocimiento de nosotros. Entonces, esa medida la estamos tomando porque queremos que el hombre indígena, el hombre arhuaco esté preparado para enfrentar las cosas que nos van a venir en el futuro. Todo eso lo hacemos previendo que nuestro planeta hay que cuidarlo. Esa es una de las misiones que nosotros tenemos.

Cuál es la situación actual de las etnias en la Sierra? Particularmente, ¿cuál es la situación de ustedes, de sus territorios?

La situación es que nosotros quisiéramos recuperar la línea negra, porque parte del territorio está afectado por muchos colonos y ganaderos en los tres departamentos: Magdalena, Cesar y la Guajira. Como decía antes, a nosotros no nos preocupa tanto lo que vayamos a sembrar allí, sino el territorio como santuario sagrado de la comunidad, para que allí pueda volver a reverdecer el conocimiento humano. Porque eso lo vamos entregando es a una familia indígena y eso forma parte del cuerpo sagrado del conocimiento de la Sierra. Entonces, viéndolo desde ese punto de vista, la situación es bastante grave, porque estamos afectados por los 14 municipios que tienen territorio comprometido en la Sierra. Cada uno tiene sus intereses. Por decir algo, con Corpocesar, que tiene que tener influencia allá, tenemos problemas. Con Corpomagdalena y Corpoguajira, lo mismo. Son distintas instituciones, de carácter institucional, del Gobierno, que tienen injerencia en la Sierra. Y si nosotros queremos adelantar un programa, por decir algo, con Corpomagdalena o Corpocesar, ellos nunca se ponen de acuerdo. Tratan es de evadir y de crear un conflicto dentro de la misma comunidad, cuando nosotros no... esa no es la política de nosotros. Ese es uno de los problemas en que estamos trabajando, discutiendo.

Es más, estamos pensando que se debían eliminar muchos de los municipios que están afectándonos a nosotros. El caso del municipio de Puerto Bello que no debería existir, el caso del municipio de Dibuya, el municipio de Mingueo. Son montajes políticos que nos han hecho y que están afectando directamente a la comunidad indígena o directamente a la Sierra. El Gobierno no consulta con nosotros; nunca le va a decir a la autoridad indígena, o al Consejo Superior de Mamos, o a las autoridades tradicionales, que van a crear allí un municipio, porque de antemano saben que nosotros nos vamos a oponer a eso. Entonces nos han impuesto esos centros administrativos allá. Es un problema grave que tenemos.

El otro problema que hay, ya a nivel interno, es con relación a la parte educativa. Nosotros creemos que toda la metodología que el Gobierno Nacional está utilizando para la educación de los indígenas está desorientada de acuerdo a nuestro conocimiento. Entonces necesitamos que todas esas reglas de juego en materia educativa estén orientadas directamente por los mamos. Que ellos mismos orienten nuestra educación y digan qué es lo que nosotros necesitamos, y reforzar más el conocimiento ancestral, inclusive a los profesores.

Y en materia de salud también nos hemos visto afectados, porque normalmente los presupuestos llegan a través de los municipios. Los municipios son los que sirven como ordenadores de esos presupuestos. Entonces, por ejemplo, si nos llegan cien millones de pesos para los indígenas, ellos justifican cincuenta millones -con indígenas a los que ellos hacen que firmen- y a nosotros nos entregan solamente cincuenta millones. Eso lo están practicando. También vemos cómo esa famosa Ley 100 ha sido de poco beneficio para nosotros. Estamos buscando otro tipo de estrategia para hacerle frente a esa situación.

Y en la parte administrativa estamos solicitando que todos los cargos que tengan que ver con la sierra nevada de Santa Marta estén dirigidos directamente por líderes indígenas. Porque es difícil que al señor jefe de Asuntos Indígenas de Santa Marta, que es un antropólogo de Bogotá, por decir algo, lo podamos coger por la oreja y llamarle la atención. O que a la que está en Valledupar, que es una señora, le podamos decir "Bueno, ¿y usted por qué está haciendo eso?" Si ella nunca va a la Sierra y con razón; ella que va a ir a la Sierra si solamente tiene el recuerdo de que allá están gentes extrañas ajenas a la comunidad. Nunca va, lo mismo pasa con el de La Guajira. Entonces queremos que esos cargos pasen a manejarlos directamente los indígenas que son los que tienen relaciones directas con nosotros, sin ninguna traba. Vuelvo y repito: como esas son cuotas políticas, no los quieren nombrar. Ya dimos los candidatos y esta es la hora en que no les han nombrado. Entonces, también ese es uno de los problemas.

¿Cómo los está afectando la guerra actual a ustedes?

Sí, es una guerra civil que estamos viviendo. Desde hace unos diez años para acá -después de que hubo un convenio con los señores inconformes-, ellos hasta el momento nos han respetado, ellos no se han metido con nosotros. Y lo mismo ha ocurrido con los otros, a la fecha no nos han afectado. Pero sí han hecho estragos alrededor de la Sierra a los colonos, a la gente campesina. Se está viviendo una guerra tremenda. Tanto, que nosotros podemos decir que de tal punto allá están los naciyina (gente del pueblo) y de tal punto a tal otro es una zona numyciyina (gente del poder). Eso es lo que uno ha diferenciado. Y nos toca pasar por en medio de esas dos filas sofocando todo lo que nosotros sabemos para que no nos vaya a pasar nada. Pero tenemos temor y estamos afectados por esa situación.

Lo otro es que vemos también con mucha tristeza y con mucho miedo, por decir algo, que ya sabemos que hay algunos indígenas involucrados en ambos bandos. Eso sí lo vemos serio. Pues nos ha tocado volver a llamar a la juventud y volver a insistir que ellos tienen que mantenerse en el gobierno interno de la comunidad y no hacen parte de los bandos. Esa es quizá la última denuncia que hicimos. Porque con el afán de que allá pagan mejor que en cualquier otra parte, entonces entran engañados allá y al final les toca salir huyendo. Hasta allá nos ha afectado el problema.

¿Cómo han defendido ustedes la tradición de las etnias de la Sierra?

Lo más importante, en silencio. En cada una de nuestras kankurwas. Con nuestros niños y nuestras niñas, transmitiéndoles todo el conocimiento de los viejos. Preparando la gente. De tal manera, que cuando tuvimos muy fuerte la presión de los grupos religiosos de todos los órdenes -católicos, cristianos, gnósticos, testigos de Jehová, evangélicos-, ya nosotros estábamos preparados. Tanto, que hace algunos años los evangélicos quisieron penetrar a la Sierra casi a la fuerza. Sin embargo, nosotros habíamos preparado gente internamente y llevamos el caso hasta la Corte Constitucional, demostrándoles allí que lo de nosotros no era una religión común y corriente, sino que lo de nosotros era un conocimiento milenario, era algo que nos tenía ligados a la tierra y al conocimiento de la Tierra y a nuestra medicina; y que nosotros no aceptábamos de ninguna manera algo impuesto por la sociedad mayor, y si se nos imponía era un grave daño que se estaba cometiendo en contra de la cultura indígena. De esa manera, ganamos esa tutela, en ese entonces. Y eso mostró cómo nosotros estábamos preparados. A todos los grupos religiosos que estaban dentro del territorio les tocó emigrar de allá, de la Sierra.

Eso por un lado. Por el otro, mantenemos constantemente lo que llamamos pagamentos, ofrendas sagradas, y las hacemos de diferentes maneras. Por ejemplo, nos dirigimos a objetos que no son nuestros -el mismo machete, la pala y algunos alimentos que se han introducido, que eran extraños a nosotros-. Entonces, procedemos a renovarlos, limpiarlos; es coger algunas partículas de eso, y de acuerdo a la ubicación geográfica, nosotros le asignamos un territorio especial, y allí abrimos una fosa y enterramos esos elementos como en señal de ofrenda, para que nuestro equilibrio espiritual esté en paz con todo, en todo el territorio de la Sierra. Eso es una forma de nosotros mantener esa fuerza internamente.

También empezamos a hacer una renovación sobre los cultivos nativos, los cultivos originarios. Esos cultivos entre nosotros se llaman zamukia. Los zamukia fuera de mantener nuestro alimento espiritual, también van a servir de alimento para la sociedad mayor. Entonces, en la comida es muy especial. Nosotros los mamos, cuando entramos en ejercicio, por ejemplo, ponemos una dieta muy especial a nuestros seguidores, a nuestros gunamus -o sea, a nuestros dirigidos; si habláramos de religión, serían nuestros feligreses-. Tanto que los podemos poner en veda para que no coman determinados alimentos y esos alimentos una vez cojan mucha fuerza internamente puedan mantener sus hijos naturales: las semillas -por ejemplo del maíz, del fríjol nativo, de la arracacha nativa, de muchos productos originarios de la Sierra; tanto medicinales como comestibles-, teniéndolos en un silo especial que existe entre nosotros.

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